—Gus Aylen, B1Daily
Durante años, la imagen de Nicolás Maduro estuvo presente en casi todos los rincones de Venezuela: murales, edificios públicos, carteles oficiales y propaganda estatal. Su rostro formaba parte de una maquinaria política que buscaba mantener viva la identidad del proyecto chavista iniciado por Hugo Chávez.

Sin embargo, esa presencia comenzó a desaparecer. Según un análisis publicado por Latin America Reports, el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha ordenado o permitido la eliminación progresiva de símbolos vinculados a Maduro, incluyendo murales, afiches y representaciones propagandísticas como el personaje animado “Súper Bigote”.
La transformación ha sido visible en lugares emblemáticos del poder venezolano. Imágenes de Maduro y su esposa, Cilia Flores, que aparecían en espacios oficiales, fueron reemplazadas por símbolos institucionales, una señal interpretada por algunos expertos como un intento de cambiar la narrativa política del país.
Una nueva cara para el chavismo
Para algunos analistas, Delcy Rodríguez busca presentar una versión renovada del movimiento chavista, alejándose de la imagen altamente personalista asociada con Maduro.
El consultor político venezolano José Vicente Carrasquero argumenta que Maduro se convirtió en una figura profundamente impopular y que la eliminación de su imagen responde a la necesidad del gobierno de separarse de una etapa marcada por crisis económica, migración masiva y descontento social.
El cambio representa una especie de “cirugía política”: mantener parte de la estructura del chavismo, pero reemplazar los símbolos que generan rechazo entre amplios sectores de la población.
¿Un cambio real o una nueva estrategia de poder?
La gran pregunta para muchos venezolanos es si la desaparición de la imagen de Maduro representa una verdadera transformación política o simplemente una nueva campaña de imagen.
Críticos del gobierno señalan que cambiar los carteles y los murales no necesariamente significa cambiar las instituciones, las prácticas políticas o la relación del Estado con la ciudadanía. Para ellos, el problema de Venezuela no era solamente una persona, sino un sistema construido durante más de dos décadas.
Otros observadores consideran que Rodríguez está intentando sobrevivir políticamente mediante una estrategia pragmática: reducir la identificación directa con Maduro, enfocarse en problemas económicos y buscar una mayor aceptación nacional e internacional.
El fin del culto a la personalidad
Uno de los elementos más importantes de este proceso es el debate sobre el culto político a los líderes. Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la imagen del líder revolucionario tuvo un papel central dentro de la comunicación oficial.
La retirada de símbolos personales podría representar un cambio hacia una política menos basada en figuras individuales y más enfocada en instituciones, partidos y programas políticos.
Pero Venezuela enfrenta un desafío enorme: reconstruir la confianza pública después de años de conflicto político, sanciones internacionales, crisis económica y una profunda división social.
Venezuela entre el pasado y el futuro
El borrado de la imagen de Maduro es más que una operación estética. Es un mensaje político.
Delcy Rodríguez parece intentar escribir un nuevo capítulo del chavismo, uno donde Maduro sea visto como una etapa cerrada y no como el símbolo principal del movimiento.
Sin embargo, la historia venezolana muestra que cambiar un rostro en una pared es mucho más fácil que cambiar las estructuras que sostienen el poder.
La pregunta que queda abierta es si Venezuela está presenciando el nacimiento de una nueva etapa política o simplemente un cambio de nombre en el mismo edificio.
—Gus Aylen, B1Daily





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